Me gustaría improvisar al teclado un diálogo absurdo, origen de la creatividad, base para la creación:
Dos personas, entra la primera en una tienda de antigüedades. Le atiende un hombre viejo, de mediana edad.
- Buenos días.
- Y tan buenos, hasta que ha entrado usted.
- Vaya, no esperaba que me esperase.
- Yo tampoco esperaba su espera.
- Pero ,¿es pera, o manzana?
- ¿El qué?
- Espere, lo he olvidado.
- ¿A qué debo su visita?
- Buscaba algo antiguo.
- Pues si busca eso, váyase de aquí, esto es una tienda de antigüedades.
- ¿Cuál es la diferencia?
- Aquí no vendemos, ésto es una tienda.
- Vaya, usted me confunde... ¿Entonces qué hacen?
- Compramos, compramos compras.
- Ah, ahora entiendo, le venderé entonces mi compra, que aunque aún no halla comprado, pero no porque no pueda, si no porque no me venden.
- ¿Qué compra quiere usted vender?
- Pues le vendo la compra de ese reloj de cadena.
- Ahhh, ésto es fantástico. Trato hecho, le compro la venta. ¿Y cuánto es?
- Pues me debe usted 20 euros.
- Muy bien, aquí tiene usted los 20 euros y la compra de la venta de su compra, este magnífico reloj de cadena, que no es de cadena si no de cuerda.
- Ohh, pero usted me confunde de nuevo, ¿es de cadena o de cuerda?.
- Pues depende, en ocasiones se comporta como uno de cadena, y en otras como uno de cuerda.
- ¿Cuál es la diferencia?
- Pues que cuando es de cadena queda muy elegante, pero se atrasa, y cuando es de cuerda, ya puede usted imaginarse.
- Entonces, ¿qué me recomienda usted?
- Yo le recomendaría llevarse uno de cadena y uno de cuerda. Así podrá ir usted elegante a la par que puntual.
- Vaya, usted me sorprende, que hombre tan sutil.
- Y que usted lo diga.
- Si si, yo lo digo, ¿es que no acaba de escucharlo?
- De acuerdo, ¿entonces se lleva los dos?
- Claro, como no caballero, su amabilidad me deslumbra.
- De eso se trata.
- ¿Cómo ha dicho?
- No nada, que el trato está hecho.
- Oh, por supuesto, aquí tiene, 40 euros y... ¿pero no decía que en esta tienda no se vendía?...
- (con el dinero en la mano) No recuerdo haber dicho eso.
- mmmm, ésto me extraña... en fin, deme los relojes.
- Como bien acaba usted de decir, en esta tienda no se vende.
- Y entonces, ¿El dinero que acabo de darle?.
- No lo se, eso es asunto suyo. De buen grado le agradezco su amabilidad y filantropía.
- Pero, devuélvame el dinero.
- No, como usted bien ha dicho, aquí no se vende, aunque... Esta bien, por ser usted, haré una excepción. Sepa usted que se reconocer a la gente que merece la pena en cuanto la veo, y tenga presente que sólo me saltaré mis propias normas porque me ha parecido usted una gran persona.
- Ohhh, pero usted me halaga, usted exagera...
- No, amigo, no se ruborice, uno ha de quererse a si mismo, y para ayudarle en dicha empresa, le vendo los 40 euros que usted quiere recuperar.
- Ohh, que amable, usted si que sabe lo que es el altruismo.
- Y que usted lo diga, y para que vea, se lo voy a cobrar a precio de fábrica: 40 euros y recupera usted su dinero, además de haber ganado en autoestima.
- Ohh, amigo, sin duda me siento emocionado. Tome, tome los 40 euros y deme mis 40.
- (Dándole los 40 euros). Aquí tiene, y difrútelos. Por cierto, para que vea cuan magnánimo puedo llegar a ser, no le cobro los relojes, me los quedo yo sin pedirle nada a cambio.
-(Saliendo de la tienda, quitándose el sombrero y haciendo demás reverencias). Ohh, gracias, gracias, es usted todo amabilidad, sin duda, que hombre... Buenos días!
Ingenioso y sutil. Tiene más miga de lo que parece
ResponderEliminarSaludos
Maggi
Gracias Maggi
ResponderEliminarjajajaja
ResponderEliminarplas plas...
que buenos recuerdos
Víctor:
ResponderEliminarGracias a tí por compartir con nosotros
M.